Por el camino paramos en la Villa de Valverde, la capital de la isla, y como no había mucho que ver seguimos carretera adelante entre campos yermos, rocas volcánicas y pinares. Paramos en el Mirador de las Playas, desde donde contemplamos el Parador y un famoso Roque. Y a la hora de comer llegamos a la Restinga, donde recogimos las llaves y nos instalamos en el apartamento. Nos sorprendió el fuerte viento, parecía Tarifa.
Salimos a comer por el pueblo, y dimos con el Refugio, un restaurante viejuno donde se comía buen pescado. Probamos la morena, el pejepeine y de postre quesillo. Rico, rico.
Por la tarde nos pasamos por el Centro de Buceo - que queda exactamente en el mismo edificio que nuestro apartamento, dos plantas más abajo -, para confirmar la inmersión de mañana. Y finalizamos la jornada con un paseo por el pueblo, visitando el puerto y el espigón.
Villa de Valverde
Vistas desde el Mirador de las Playas
Centro de Buceo en la planta baja de nuestro apartamento
Costa salvaje
La Restinga desde el espigón





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