Viernes, 31 de Julio

Segunda jornada dedicada al Parque de Garajonay. Hoy teníamos reservada una ruta con guía del Parque, que nos citó a las 10 en Laguna Grande. El grupo lo formaban dos familias de Madrid y Salamanca y nosotros, y el guía Jacinto nos llevó hasta Meriga a realizar una ruta que sólo se puede hacer con guía. Muy parecida a la de ayer, con la diferencia que hoy nos iba explicando todo aquello que veía y le parecía interesante: tipos de helechos, árboles gigantes, insectos endémicos... Nos daba tierra en descomposición para oler y buscaba hongos con olores especiales. Hubo hasta momento de relajación zen en silencio en el medio del bosque. Muy ilustrativo todo.
A la hora de comer fuimos al cercano Restaurante Mirador de Abrante, abierto hace poco tiempo y en el que una pasarela acristalada se adentra en el vacío para poder caminar sobre las nubes y el barranco y contemplar toda la costa hasta la cercana isla de Tenerife. Fue uno de los mejores lugares donde comimos de todo el viaje hasta el momento.
Por la tarde nos dirigimos a la última zona de la isla que nos quedaba por visitar: Valle Gran Rey, una zona de turismo hippie con sol y playas. Nos dimos un baño en la salvaje Playa del Inglés y en la cercana Playa Calera, y ya al terminar el día regresamos al Hotel.
 Inicio de la ruta de Meriga
 Nuestro guía Jacinto en plena lección magistral sobre helechos
 En un claro del bosque
 Vistas de Agulo desde el Mirador de Abrante
 Colgada en el vacío
 Vistas de Valle Gran Rey desde el Mirador de Palmarejo
 Playa del Inglés
Playa de Vueltas

Jueves, 30 de Julio

Objetivo para los próximos dos días: Parque Nacional de Garajonay. Nos acercamos temprano al Centro de Visitantes de Juego de Bolas, donde un amable guía nos recomendó realizar la ruta que va desde Contadero hasta El Cedro, pues era unos de los pocos espacios visitables que se había salvado del incendio de 2012. Allá nos fuimos. La ruta consistía en una bajada pronunciada por un barranco en la que se apreciaban a distintas alturas la vegetación característica del Parque: el monte de laurisilva, los viñátigos, aceviños, laureles, brezo... Las hojas de los viñátigos tejían una alfombra roja cerca del arroyo. Muy bonito. Los primeros 6 kilómetros fueron todos de bajada, así que casi sin darnos cuenta llegamos a El Cedro, donde había un camping con restaurante y aprovechamos para comer. Carne con papas y estofado de cabra. Todo casero y riquísimo.
Con la panza llena afrontamos el camino de regreso, los mismos 6 kilómetros pero esta vez cuesta arriba, salvando una pendiente de 500 metros. Sorprendentemente nos llevó menos tiempo que en la bajada, pues apenas hicimos alguna parada para sacar fotos.
Tras la ruta por el Parque nos acercamos al pueblo histórico de Agulo, y finalmente nos fuimos a refrescar al pescante de Hermigua, que es una zona de piscinas naturales muy chulas en las que nos vino genial darnos un chapuzón. Aquí un joven pescó un pedazo de pez enorme, que se convirtió en la atracción de la tarde, con la gente aplaudiendo y sacando fotos al héroe local.
 Vistas desde la cama del apartamento
 Comienzo de la ruta por el Parque de Garajonay
 Vadeando el arroyo
 Arroyo serpenteando entre hojas de viñátigo
 Vistas desde el final de la ruta
 Paseando por Agulo
 Playa de Hermigua
La Piscina en el pescante de Hermigua




Miercoles, 29 de Julio

Antes de ir al aeropuerto, como nos sobraba tiempo, visitamos el pequeño pueblo marinero de Tamaduste, que se encuentra muy cerca. No dió para mucho, así que fuimos a devolver el coche y a facturar. El caso es que llegamos supertemprano (a la 1) y el aeropuerto estaba empezando a despertar. No había nada abierto. Aprovechamos para comer en la cafetería una comida bastante mala y nos dispusimos a esperar el avión. Llegó puntual y en un vuelo relámpago de media hora llegamos a La Gomera.
Al llegar decidimos acceder a Hermigua por un atajo para ahorrarnos unos cuantos kilómetros. Error. Carretera cortada por desprendimientos. Al final nos recorrimos casi la mitad de la isla, que tampoco es mucho, para llegar al Hotel. Por el camino paramos en un montón de miradores para contemplar vistas de impresión y en San Sebastián a comprar víveres.
Llegamos al Hotel al caer la tarde, y alucinamos con lo chulo que está. Las habitaciones están colgadas en una ladera con vistas a la montaña, y el apartamento es amplísimo con todas las comodidades.
 Tamaduste
 Avión rumbo a La Gomera
 El Teide desde el avión
 Un mirador por el camino
 Carretera cortada
Roque de Agando

Martes, 28 de Julio

Al estar en una montaña, la niebla cae por la noche y las nubes se mantienen por la mañana, trayendo un frío que se agradece. Tras desayunar nos dirigimos hasta el Mirador de la Peña, donde se encuentra un Restaurante diseñado por César Manrique, y desde el que se contemplan unas vistas espectaculares. Aquí tomamos nuestro primer barraquito. Después nos acercamos hasta el Pozo de las Calcosas, en el norte de la isla. Creíamos que sería un charco, pozo o piscina natural parecido a los de ayer, y así fue, pero además estaba situado en un poblado marinero de película, parecía una aldea vikinga, a la que se accedía tras bajar caminando por un sendero de fuerte desnivel. Alucinante. Como estaba nublado pasamos de bañarnos, y nos dirigimos al Charco Manso, bajando por una carretera estrechísima con tres millones de curvas. El mar estaba bastante fuerte, así que a pesar de que ya había salido el sol, descartamos el baño dadas las condiciones adversas del mar.
Nos fuimos a comer a casa y por la tarde nos dimos un paseo por las empinadas calles del pueblo de Mocanal, para terminar el día contemplando la puesta de sol desde el porche de la casa.

 Vistas desde el Mirador de la Peña
 Restaurante diseñado por César Manrique
 Bajada al Pozo de las Calcosas
 Poblado del Pozo de las Calcosas
 Vista aérea del Pozo de las Calcosas
 Charco Manso
Puesta de sol desde el jardín de casa

Lunes, 27 de Julio

Hoy toca ruta en coche por la isla de El Hierro, que es muy pequeña y fácil de recorrer. Dejamos atrás La Restinga y su fuerte viento, y pusimos rumbo al Oeste atravesando la zona de pinos de Hoya del Morcillo y parando en el Mirador del Luján para contemplar toda la costa del Mar de las Calmas. Nuestra primera parada fue en la Playa del Verodal, una de las pocas playas de la isla, salvaje entre los acantilados. Un poco más adelante llegamos al Pozo de la Salud, hicimos una parada en Supermercados Terencio para reponer víveres y finalmente llegamos a Charco Azul, donde disfrutamos de un baño en sus aguas, mientras las salvajes olas del oceáno golpeaban la entrada del hoyo. Comimos, secamos y al siguiente charco, las piscinas naturales de La Maceta. De mejor acceso que el anterior y más concurridas, disfrutamos de un nuevo baño. Nos sorprendió lo cuidado que lo tienen todo, así como las instalaciones perfectas para pasar el día: zona de merendero bajo sombra, duchas, baños... Y eso que estamos en el fin del mundo.
Para terminar la ruta nos acercamos a Las Puntas, donde contemplamos el Hotel más pequeño del mundo y los espectaculares Roques de Salmor. Finalmente llegamos a nuestro destino, una preciosa casa de piedra volcánica con jardín y vistas al mar, donde pasaremos un par de noches.
 Desde el Mirador del Luján
 Playa del Verodal desde el merendero
 Pozo de la Salud
 Tomando el sol en Charco Azul
 Entrada a Charco Azul
 Piscinas de La Maceta
Hotel más pequeño del mundo y Roques al fondo

Domingo, 26 de Julio

Segundo y último día de inmersión en La Restinga. El viento sigue soplando con fuerza, pero eso no es impedimento para salir a bucear. Nuevo madrugón (y ya van...), con la intención de ir a El Bajón, uno de los mejores lugares para bucear. Todo muy chulo, barracudas, mantas, una tortuga coja, un tamboril espinoso gigante..., aunque hoy no nos visitó ningún tiburón.
Como ya no hay más restaurantes en el pueblo, fuimos hasta un bar de tapas y nos pedimos una salchicha ¡de un metro!, que por lo visto es bastante corriente por aquí.
Por la tarde nos acercamos hasta la punta de Tacorón, donde hay un par de calas entre rocas muy chulas donde estuvimos esnorqueleando un rato. El agua completamente transparente, y no muy fría. Por el camino pasamos por el Lajial, que es una zona donde se ven formaciones de lava derretida.
Mañana nos iremos de La Restinga rumbo al norte, donde permaneceremos aislados un par de días sin internet.
 Punta de Tacorón
 Mar de Calmas
 Acceso a las calas de Tacorón
 El Lajial
Flores en la lava

Sabado, 25 de Julio

El fuerte viento nos acompañó durante toda la noche, y por la mañana seguía soplando. Las condiciones eran ideales para bucear: vientos huracanados, fuerte oleaje, 30 grados a la sombra a las ocho de la mañana... Y aún así los Centros salen a bucear, porque la Reserva Marina se sitúa en el llamado Mar de Calmas, que como indica su nombre, es un mar sin olas, sin viento, muy protegido. Lo mejor de la inmersión fue la maravillosa aparición de un ¡TIBURÓN MARTILLO! No es muy habitual verlos, así que hubo suerte. Impresionante. Después de un par de inmersiones nos fuimos a comer al otro restaurante del pueblo. Aquí pudimos degustar cuatro millones de camarones, peto y vieja. Todo recién extraído del mar, rico y fresco.
Para salir del pueblo hace falta subir un puerto de 1000 metros, pero al haber buceado hay que esperar al menos 24 horas para desaturar el nitrógeno en sangre, y no se puede subir más de 300 metros o así. Total, que por la tarde nos tuvimos que quedar en el apartamento a descansar.
 Tiburón a la vista. Foto de Google
 Por las calles de la Restinga pasean los buceadores
De vuelta de la inmersión

Viernes, 24 de Julio

Nuevo madrugón para coger el avión a El Hierro. Llegamos con suficiente tiempo para entregar el coche y desayunar en el aeropuerto. Nos trasladaron en autobús hasta el avión, y cuando llegamos sucedió que nuestro avión ya estaba repleto de gente que volaba a otro destino, por error de la compañía, así que los hicieron bajar a todos para subirlos a otro y así poder entrar nosotros. Y los empleados partiéndose de risa. Finalmente despegamos sin apenas retraso y en 40 minutos nos plantamos en El Hierro, recogimos el coche y pusimos rumbo a La Restinga, nuestro destino.
Por el camino paramos en la Villa de Valverde, la capital de la isla, y como no había mucho que ver seguimos carretera adelante entre campos yermos, rocas volcánicas y pinares. Paramos en el Mirador de las Playas, desde donde contemplamos el Parador y un famoso Roque. Y a la hora de comer llegamos a la Restinga, donde recogimos las llaves y nos instalamos en el apartamento. Nos sorprendió el fuerte viento, parecía Tarifa.
Salimos a comer por el pueblo, y dimos con el Refugio, un restaurante viejuno donde se comía buen pescado. Probamos la morena, el pejepeine y de postre quesillo. Rico, rico.
Por la tarde nos pasamos por el Centro de Buceo - que queda exactamente en el mismo edificio que nuestro apartamento, dos plantas más abajo -, para confirmar la inmersión de mañana. Y finalizamos la jornada con un paseo por el pueblo, visitando el puerto y el espigón.
 Villa de Valverde
Vistas desde el Mirador de las Playas
 Centro de Buceo en la planta baja de nuestro apartamento
 Costa salvaje
La Restinga desde el espigón

Jueves, 23 de Julio

Día dedicado al Parque Nacional del Teide, el primero de los cuatro Parques Nacionales que pensamos visitar. Para evitar las colas madrugamos y a las 8:00 pusimos rumbo al volcán, subiendo por las intrincadas carreteras del valle de la Orotava. Por el camino atravesamos Las Cañadas y finalmente alcanzamos la base del Teide, donde se sitúa el Teleférico. Gracias a que era temprano no tuvimos que hacer colas, y en un periquete nos plantamos a 3555 metros de altura.  No pudimos subir los 100 metros que nos separaban de la cima, los permisos se habían acabado hace meses, pero a cambio realizamos el descenso a pie. Para ello tuvimos que enlazar hasta 6 senderos diferentes, caminado entre rocas, coladas, lava, grava, arena... salvando obstáculos complicados con gran destreza. El primer tramo de la ruta nos llevó hasta Pico del Viejo, y de ahí teníamos que bajar a los Roques por el sendero 23, pero en un tramo rocoso perdimos el sendero y cuando quisimos darnos cuenta nos habíamos alejado un montón de la ruta. No pasa nada. Gracias a nuestra experiencia en alta montaña y a nuestros grandes conocimientos de supervivencia aprendidos tras horas de ver documentales en Discovery Max, seguimos las huellas de una manada de rebecos que habíamos contemplado desde un alto y no sin muchas penalidades (no hizo falta comer escarabajos ni bichos por el estilo), atravesando coladas y barrancos, conseguimos volver a enlazar con el sendero 23, que nos llevaría a los Roques de San García y de ahí al Parador, donde pudimos beber 20 litros de agua cada uno, y aprovechamos para comer. Con las pilas cargadas afrontamos el último tramo de la ruta que nos llevaría de vuelta al Teleférico, ya por terreno llano pero a pleno sol y con el peligro de atravesar colmenas de abejas. Tras casi 30000 pasos y más de 6 horas después, llegamos al coche extenuados pero satisfechos.
Por si esto fuera poco, antes de llegar a casa tomamos un desvío en la carretera y nos acercamos a Icod de los Vinos, donde paramos a contemplar el famoso Drago Milenario. Majestuoso. Y ahora sí que sí, vuelta a casa a preparar la maleta, que mañana temprano volamos a El Hierro.
Teleférico del Teide
 Comienzo de la ruta entre rocas de lava
 El Teide desde la base de Pico del Viejo
 Vistas de la bajada
A punto de llegar a Pico del Viejo
 Paseando por los Roques de San García
El Roque más fotografiado del Teide
 Ruta de vuelta entre colmenas de abejas
Drago Milenario en Icod de los Vinos